viernes, 01 de diciembre de 2006
Silvia Rodríguez-Fumero
En Comunión.


Fuente: http://www.encomunion.org



“Una vida consagrada en su casi totalidad al servicio de la Iglesia en Cuba y a su pueblo, que ha experimentado las pruebas de su delicado amor sacerdotal.”

He tomado estas palabras textuales de Mons. José Siro González Bacallao, obispo de Pinar del Río, porque me parece que son precisas, concisas y justísimas, para describir al P.Yvan Bergeron, que ha desplegado una pastoral misionera increíble en sus 53 años de servicio en Cuba. Desde el año 1976 todo el lomerío de la zona de Candelaria, Mariel, Artemisa, etc. conoció del Evangelio por su vida y su palabra. Hay –sin embargo– que destacar el aspecto clave de su trabajo misionero, y es su aprecio y cercanía a los laicos, y su dedicación a la promoción del seglar en su vocación laical al apostolado y la misión, motivándoles siempre a dar una respuesta responsable al compromiso bautismal. Así –él mismo lo describe– en el año 1977, durante una asamblea pastoral en Pinar del Rio, surge el Ministerio Laical de la Palabra, que fue reconocido oficialmente por la jerarquía, aunque hay ministros de la Palabra prácticamente en todas las diócesis. El P. Bergeron aclara que no fue la escasez del clero la razón principal de la promoción de los ministros de la Palabra, aunque fuera ésta una realidad.

El P. Bergeron es parte de esa bendición que ha significado para Cuba la Sociedad de las Misiones Extranjeras de Québec, los padres canadienses, como siempre nos hemos referido a ellos. En Matanzas trabajó por 23 años con sus compañeros sacerdotes y religiosas. Allí los misioneros que llegaron antes que él fundaron el Colegio “Félix Varela”, de feliz memoria para muchos de la Diáspora que conservan su impronta... Y, hablando de impronta, ¿quién por estos lares no ha escuchado a Mons. Agustín Román ponderar una y otra vez sus experiencias durante su estancia en el Seminario de Québec, donde completó sus estudios sacerdotales, al igual que quien es hoy nuestro Cardenal, Mons. Jaime Ortega y Alamino?

La mies sigue siendo mucha y los trabajadores siguen siendo pocos. Como expresara Mons. Siro: “Continuamos con esa penuria de sacerdotes que nos obliga a cambios, ausencias y traslados”... Según estadísticas que tengo a mano, hay 795 religiosos en Cuba, de los cuales 189 son hombres pertenecientes a 25 congregaciones, y 606 religiosas de 58 congregaciones femeninas. Los sacerdotes diocesanos son 207 y 61 diáconos. Según esta distribución, hay 1063 personas consagradas para servir y apacentar al Pueblo de Dios.

Encontrarme con el P. Yvan Bergeron hace unos días ha motivado esta reflexión que comparto con toda sencillez, pero con la más profunda gratitud por 53 años de entrega a nuestro pueblo. Extensiva –¡cómo no lo habría de ser!– a todos y a cada uno de los que recoge la estadística mostrada. También a los laicos, que quedan fuera de ella pero que tienen puesta “la mano en el arado” y no han vuelto atrás; en fin, a todos los que allá “siembran entre lágrimas”. Me atrevo a dirigirme con especial gratitud a aquel o aquella (sólo Dios la sabe) que ocupó mi vacante, para decirle desde el corazón, muy confidencialmente, que mitiga mi nostalgia saber que los acompaño, en la construcción del Reino, también “sembrando entre lágrimas”, porque así es el seguimiento de Jesús.

Les comparto además una gran esperanza y con mucha alegría: el encuentro con el P. Bergeron, que se suscitó en las casas de la familia Parra y Rodríguez. Los Parra, que llevan como 40 años fuera de Matanzas, y los Rodríguez apenas unos cinco años. Jóvenes y no tan jóvenes cantando, tocando la guitarra y relatando anécdotas alrededor del P. Bergeron, aprovecharon para celebrar entre otras cosas los 80 años del Padre... Ésa es mi esperanza y mi edificación: pertenecer a una Diáspora que ni el tiempo ni el espacio ha podido desarraigar. Una Diáspora solidaria con su Iglesia en Cuba, capaz de celebrar lo que recibieron y ponerlo a servir desde su nueva realidad.

Tengo “razones para la alegría”, como escribiera el P. Martín Descalzo. Una de ellas es ver de nuevo al P. Bergeron con energías misioneras; luce como si no se hubiera enterado de los 80.

Se despide de Pinar del Río obedeciendo a su congregación, que le ha confiado una nueva misión; marcha a La Habana para continuar el proyecto que iniciaron hace ya más de diez años: “El Instituto Misionero”; pero, como estarán creando equipos itinerantes de formación misionera, ahora serán muchos más los lugares de la Isla que se beneficiarán de su labor.

Gracias, P. Yvan. ¡Qué gozoso fue estar juntos, festejándote! Gracias por tu confianza en los laicos. Sigue contando con nosotros, y que nuestra Madre, María de la Caridad, continúe protegiendo tu vida y tu trabajo.
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