sábado, 27 de enero de 2007
«Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos» (Mc 7, 37)

Semana de oración por la unidad de los cristianos - enero de 2007





Umlazi es uno de los tantos suburbios de las grandes ciudades de Sudáfrica que surgieron para la población de color en los años ’50. Allí viven aproximadamente 750.000 personas. Escasez de escuelas, de hospitales, de casas dignas. Ni siquiera una cancha para jugar al fútbol. La desocupación supera el 40%. La pobreza genera violencias, abusos y es alarmante la difusión del Sida. Muchos se sienten aislados, tienen miedo de hablar de sus sufrimientos, de sus mil problemas.
¿Qué hacer?, se preguntaron los responsables de las varias comunidades cristianas de Umlazi. Hay que “romper el silencio”, se dijeron, y abrir un diálogo con cada uno, hecho de escucha y de comunión de vida, para afrontar juntos las dificultades. Comenzaron con los jóvenes, entablando con ellos un diálogo constructivo y estableciendo relaciones cada vez más profundas.
Alentados por esta experiencia los cristianos de Umlazi propusieron, para la “Semana de oración por la unidad” de los cristianos, que en este mes se celebra en muchas partes del mundo, el pasaje del Evangelio de Marcos del cual se ha tomado la Palabra de vida.
Tanto la búsqueda de unidad entre los cristianos, como la respuesta cristiana al sufrimiento humano serán las intenciones que se tendrán presentes en las intenciones de esa Semana.

Cuando Jesús pasaba le trajeron a un sordomudo y él lo curó pronunciando la palabra “Efatá”, es decir, “ábrete”. Al ver esto, la gente se maravillaba y exclamaba gozosa:

«Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos»

Los milagros de Jesús son la expresión de su amor por aquellos que encuentra en su camino. Son también “signos” del mundo nuevo que ha venido a instaurar. La curación del sordomudo es el signo de que Jesús ha venido a dar una capacidad nueva de entender y de hablar.
“Efatá” es la palabra que se pronunció sobre nosotros en el momento del bautismo.
“Efatá”: y él nos abre a la escucha de la Palabra de Dios, para que la dejemos penetrar en nosotros.
“Efatá” es su invitación a abrirnos a la escucha de todos aquellos con los que se ha identificado: con cualquiera, pero sobre todo los pequeños, los pobres, los necesitados, y a entablar con todos un diálogo de amor que llega a compartir la propia experiencia evangélica.
Agradecidos a Jesús por lo que sigue haciendo en nosotros, proclamemos, como el gentío en su momento:

«Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos»

¿Cómo vivir esta Palabra de vida?
Quebrando nuestra “sordera” y haciendo callar los ruidos que, interiormente y alrededor, nos impiden escuchar la voz de Dios, de nuestra conciencia, de nuestros hermanos y hermanas.
Pedidos de ayuda nos llegan de muchas partes, a menudo en forma tácita: un niño que desea que le presten atención, una pareja de esposos en dificultades, un enfermo, un anciano o un preso que tienen necesidad de asistencia. Nos llega el grito de ciudadanos que claman por una ciudad más vivible, de obreros que piden mayor justicia, de pueblos enteros a los que se les niega la existencia… Distraídos por mil intereses y seducciones, muchas veces el oído de nuestro corazón no está atento a los que están alrededor. O bien, replegados sobre nuestras necesidades, puede suceder que hagamos como que no oímos.
La Palabra de vida nos invita a “escuchar” para llevar junto con los demás las preocupaciones y dificultades, y también a compartir las alegrías y las expectativas, en una renovada solidaridad. Nos invita a no ser “mudos”, sino a encontrar el corajes de hablar: para compartir las experiencias y las convicciones más profundas; para intervenir y defender a quien no tiene voz; para hacer obra de reconciliación; para proponer ideas, soluciones, estrategias nuevas…
Y cuando la impresión de no estar a la altura de las situaciones nos hace sentir en desventaja, inferiores, nos sostiene la certeza de que Jesús nos ha abierto oídos y boca:

«Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos»

Esa es la experiencia de Lucy Shara, de Sudáfrica. Al mudarse con la familia a Durban tenía que afrontar la vida de una gran ciudad y, al mismo tiempo, comenzar un nuevo trabajo, y de responsabilidad. Corrían los años del appartheid y no era común que una mujer africana ocupara cargos directivos.
Un día se dio cuenta de que entre los obreros se estaba difundiendo una forma asmática aguda, causada por las malas condiciones de vida en el trabajo. Muchos desaparecían si previo aviso o se ausentaban por largos meses. Habló entonces con el vicedirector, proponiéndole un solución: instalar eficiente maquinaria de depuración ambiental. La inversión que requería era grande y la empresa no aceptó.
Como hace tiempo que Lucy trata de vivir la Palabra de vida, en ella encuentró fuerza y luz. Por eso advirtió interiormente como un fuego que le infundía valor, la mantenía serena durante todas las tratativas y la ponía en sincera escucha de las opiniones de la dirección. “En un momento dado me surgieron de la boca – cuenta – las palabras justas para defender a los que no tenían voz. Logré hacer entender que el gran costo inicial se habría amortizado con las mejores condiciones de salud de los obreros, que ya no se verían en la necesidad de faltar por enfermedad”.
Sus palabras fueron convincentes. Se instaló el depurador, el asma descendió del 12% al 2%, mientras también descendía el ausentismo. La dirección le agradeció y hasta le hizo una bonificación extra en el sueldo. En la fábrica se respira un clima distinto, en todo sentido.

Chiara Lubich
www.focolare.org
Publicado por Cubacatolica @ 12:35
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