Por: Mercedes Ferrera Angelo
Medios de Comunicación Santiago de Cuba
Santiago de Cuba, Septiembre 3 de 2007 : En la mañana del 30 de agosto de 1967, la iglesia cubana, se alegraba con la noticia de la consagración de un nuevo obispo: Pedro Claro Meurice Estíu.
Aquella mañana de miércoles, el entonces arzobispo de Santiago de Cuba, Mons. Enrique Pérez Serantes imponía las manos al joven sacerdote y consagraba para la iglesia y para Cuba a un pastor que ha permanecido con su grey durante todos estos años, acompañándola, guiándola y amándola en toda circunstancia.
Reunidos en el Santuario de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, lugar a donde se celebró la consagración en 1967, Mons. Dionisio García, actual arzobispo de Santiago de Cuba, junto a los sacerdotes, religiosos y religiosas de la diócesis acompañaron a Mons. Meurice, arzobispo emérito de esta iglesia desde el mes de febrero, para dar gracias por estos cuarenta años de entrega como hombre y como pastor.
Durante la homilía Mons. Dionisio compartió con los presentes, palabras del propio Mons. Meurice sobre el tema de la vocación, escritas cuarenta y un años atrás. Providencialmente, como señalaba el actual arzobispo de Santiago de Cuba, ésta celebración de acción de gracias servía de cierre a la convivencia vocacional de la diócesis en la que participaron 21 jóvenes de diversas comunidades santiagueras. Para ellos y para todos los presentes, la vocación de Mons. Pedro es y seguirá siendo signo de esperanza en medio de un camino ciertamente difícil de transitar.
Luego de la celebración los presentes compartieron un almuerzo en el que no faltaron anécdotas y recuerdos, algunos de ellos que parecían olvidados. Antes de terminar, Mons. Dionisio agradeció también la presencia de Mons. Héctor Peña, obispo emérito de Holguín. Mons. Peña y Mons. Meurice recibieron juntos la ordenación sacerdotal el 26 de junio de 1955, en Santiago de Cuba, y como han dicho en varias ocasiones, ambos se sienten unidos por lazos muy entrañables.
Poco dado a los elogios, Mons. Meurice agradeció a todos su presencia y se mostró muy contento por compartir ese momento. Fue una celebración sencilla, alegre y familiar en la que se compartió el afecto agradecido de todos a Dios por este hombre que para los presentes y para un buen número de cubanos es y seguirá siendo nuestro querido Padre Meurice.