Alocución radial de Mons. Álvaro Beyra Luarca, obispo de Bayamo-Manzanillo, con motivo de la celebración de la fiesta de la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba. 8 de septiembre del 2007.
¡Alabado sea el Señor Jesucristo y su Santísima Madre!
Queridos hermanos y hermanas:
Les habla el que desde el pasado sábado 25 de agosto es el nuevo obispo de la Iglesia Católica en esta diócesis de Bayamo-Manzanillo; Álvaro Beyra. El rebaño de los hijos de Dios en esta diócesis se había quedado sin pastor por la promoción de Mons. Dionisio García a la sede de Santiago de Cuba. Y el Señor, que como buen padre siempre vela por sus hijos y no quiere que ninguno se pierda, me escogió y me sacó de otro rebaño y me envió a estas tierras para que cuidara de sus ovejas, las atendiera y las ayudara a dirigir sus pasos en el andar de la vida hacia la casa del Padre, hacia el Cielo, hacia la patria definitiva que es la meta final de nuestras vidas y de nuestros esfuerzos. En las dos semanas que llevo aquí, he podido comprobar lo que ya suponía antes de llegar: que éste es para mí el mejor lugar del mundo, y lo es porque el Señor me ha concedido la gracia de poder ver con claridad que éste es el lugar donde Él quiere que yo esté y haciendo lo que Él quiere que yo haga; y ése, queridos hermanos, es siempre y para todos el mejor lugar del mundo, aquél donde Dios quiere que estemos. No hay otro.
Hoy 8 de septiembre todos los cubanos, estemos donde estemos, celebramos la fiesta de nuestra patrona y madre del Cielo, la Santísima Virgen María de la Caridad del Cobre. Es una feliz coincidencia que acabado de llegar a esta diócesis se celebre esta fiesta, en la cual tengo, a través de la radio, la oportunidad de dirigirme a todos sus habitantes, para presentármeles, para comunicarles que el Señor me ha enviado para ponerme el servicio de todos y para felicitarlos por este día. Es, creo yo, un buen comienzo de mi servicio pastoral, comenzar bajo la mirada amorosa de nuestra madre. La madre es siempre el primer ser con quien entramos en contacto al venir al mundo, la madre es la que está siempre al principio. En el nacimiento del pueblo cubano también fue así. Hace ya casi 400 años, cuando aún los habitantes de esta isla no se llamaban a sí mismos cubanos, sino españoles, africanos o indios, nos llegó por donde mismo nos llega la luz del sol cada mañana, por el Oriente, la primera que había de ser llamada cubana: la Santísima Virgen de la Caridad. Ya ahora sí los habitantes de esta isla podían empezar a llamarse cubanos, ya podía nacer el pueblo cubano porque ya teníamos una madre.
Y desde entonces así la han visto todos los cubanos, como la Madre. Y madre es aquella que da la vida, que trae la vida, y eso es precisamente lo que nos vino a traer ella aquella mañana que nos llegó flotando sobre las olas en la bahía de Nipe; en su mano izquierda nos traía a aquel niño que ella había concebido en su seno, Jesucristo, el Hijo de Dios, el Salvador del mundo, aquel que se define a sí mismo como: el camino, la verdad y la vida; camino por el cual hasta ahora 2000 años después nadie se ha perdido nunca, verdad que ilumina a todo hombre que viene a este mundo, vida que es la verdadera, la que ninguna cruz, por pesada que sea, puede aplastar, la que no se acaba nunca, la que va más allá de la muerte.
Supongo que en la casa de todos ustedes habrá alguna imagen o estampa de la Virgen. Mírenla con detenimiento, fíjense bien en su rostro. Háganlo hoy, y mejor aún háganlo todos los días. Contemplen ese rostro bondadoso y sereno que a su vez nos mira a nosotros y mostrándonos al niño que tiene en su mano parece estar diciéndonos siempre lo mismo que dijo un día en las bodas de Caná según nos relatan los Evangelios “Hagan lo que Él les diga”, pues eso mismo fue lo que hizo ella toda su vida, muy en especial cuando le respondió al ángel que le anunció que Dios quería que fuera la madre de su Hijo “He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra”, y por esa obediencia sin ningún fallo el Señor la pudo levantar por encima de todas las demás criaturas de la tierra y del Cielo, hacerla la reina del Cielo, es decir, de la nueva vida inaugurada con la Resurrección de su Hijo y a la cual todos estamos llamados a participar; por eso el Señor nos la presenta a ella como madre y modelo de todos los creyentes y por eso dos mil años después sigue reinando en el corazón de todos aquellos que se dirigen a ella como su madre, por eso con el título de María de la Caridad reina en el corazón de los cubanos y a todos sin excepción acoge desde su altar del Cobre, en la cima de una montaña desde la cual vela día y noche, los 365 días del año con su mirada amorosa sobre todo este país y sobre todos sus hijos.
Para celebrar bien la fiesta de una madre, los hijos se reúnen. Por eso en el día de hoy todos los que podamos debiéramos unirnos en el templo, en la casa de oración ó en la procesión de la Virgen , para darle gracias por todos los favores concedidos, para pedirle que nos proteja a todos, muy en especial a los niños y ancianos, para que a todos nos ayude a ser mejores hijos. Y desde ya, comencemos a unirnos. Vamos ahora a decir todos juntos la oración preferida a la Virgen , el Ave María:
Dios te salve María, llena eres de gracias, el Señor es contigo, bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Hijos de la Virgen : que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y los acompañe siempre.
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PEQUEÑA CRÓNICA DE LA ORDENACIÓN DE MONS. ÁLVARO PARA COMPARTIR CON LOS AMIGOS.
Por: Carlos Amador Rodríguez
Bayamo, Agosto 29: El sábado 25 de agosto hizo honor a su condición de sábado y siguiendo al refrán de “No hay sábado sin sol, ….” amaneció con el astro rey en todo su esplendor deslumbrando a todos los que muy temprano se dirigían a ocupar sus puestos de servicio para la gran celebración: la consagración y toma de posesión como Obispo de la diócesis de Bayamo-Manzanillo del sacerdote camagüeyano Álvaro Julio Beyra Luarca.
Los días anteriores habían sido de febril corre-corre y todo estaba a punto. Decenas de adolescentes, jóvenes y adultos de la comunidad de la Catedral dirigidos por su Párroco y Vicario general de la diócesis, el P. Juan Elizalde y por la Hna. Matilde , de la Hijas de Jesús ya habían previsto los más mínimos detalles.
La Sacristía en la Casa de la Nacionalidad para acoger a todos los Obispos cubanos de la Isla y a dos obispos cubanos de la diáspora: Mons. Varela de Panamá y Mons. Cisneros de Brooklyn, a Mons. Carlos Manuel de Céspedes, que cumplió su sueño, aún enfermo, de ver la Catedral de Bayamo terminada y Mons. Jean Marie, encargado de Negocios de la Nunciatura y a los más de setenta sacerdotes y dos decenas de diáconos permanentes participantes, de Camaguey y las diócesis orientales principalmente.
Se establecieron varios puntos de acogida a los peregrinos, los más de 500 fieles que vinieron de Camaguey y los del resto de las provincias orientales llegaron a el área del Chapuzón, en las riberas de río Bayamo donde estacionaron las guaguas y camiones, recibieron la bienvenida, un refrigerio y las orientaciones para dirigirse a la Catedral. Los peregrinos de la diócesis llegaban a la calle Zenea donde estacionaron sus vehículos y se dirigieron por las calles perpendiculares en dirección a la sede del templo catedralicio. Para todo esto se contó con la colaboración de las autoridades de la provincia y la ciudad.
En la Capilla de los Dolores y en el salón parroquial, gracias a la magia de la electrónica y a los muchachos de medios de Camaguey y la diócesis sede se habilitaron pantallas y televisores para que las personas de más edad pudieran seguir la ceremonia sentados. Un gran número tuvo que conformarse con participar desde la plaza adyacente siguiendo los ritos y cantos por la amplificación.
Ya comienza la ceremonia, luego de saludar a los fieles, Mons. Álvaro pasó a la sacristía a revestirse y se inició la procesión de entrada.
Una vez acomodados en el amplio presbiterio, que para la ocasión resultaba pequeño, e incensado el altar se dejaron escuchar las notas del Himno Nacional en su versión original interpretado magistralmente por el Coro Profesional de Bayamo.
El recién consagrado templo catedralicio estaba completamente lleno, solo la eficaz actuación de las personas encargadas del orden impedía que los fieles abarrotaran también la senda central. En varias ocasiones fue necesario retirar del templo a personas desvanecidas por el calor y que fueron eficazmente atendidas por los médicos de la comunidad y el personal de ambulancias ubicadas al efecto.
Continuó la Liturgia de la Palabra y luego comenzaron los ritos propios de la ordenación cuando un sacerdote del presbiterio diocesano pidió a Mons. Dioniso, el obispo consagrante, la ordenación del nuevo obispo. El Padre Luís Carlos Peña, canciller de la diócesis, leyó el mandato apostólico y lo mostró a los presentes como indica el ritual.
En este momento Mons. Juan García, Arzobispo de Camaguey, realizó la homilía. Tomando como referencia a dos parejas que luchan por su amor en la novela brasileña de turno, presentó a Mons. Álvaro como el novio que va a contraer nupcias con su novia, la iglesia que peregrina en la diócesis de Bayamo-Manzanillo. Fue presentando al novio, el nuevo obispo, a su familia y su compromiso eclesial por encima de posiciones y rangos. Presentó también a la novia, la diócesis de Bayamo-Manzanillo, con sus gloriosas páginas en la evangelización y en la no siempre fácil síntesis entre fe y cultura, que la han hecho acreedora del título de Cuna de la Nacionalidad cubana.
A continuación Mons. Álvaro fue examinado sobre su decisión de asumir este ministerio y las obligaciones inherentes.
Una vez terminado el examen fueron cantadas las letanías de los santos y a continuación Mons. Dionisio, Mons. Juan García, arzobispo de Camaguey y Mons. Pedro Meurice, como coconsagrantes, impusieron las manos a Mons. Álvaro que se mantenía de rodillas.
A continuación en un rito cargado de profundo simbolismo, se le impuso al nuevo obispo el libro de los Evangelio abierto sobre su cabeza, a continuación dos diáconos sostuvieron el libro y Mons. Dionisio inició la oración consecratoria a la cual se unieron todos los obispos presentes.
Terminada la oración se produjo la unción con el Santo Crisma, la entrega del libro de los Evangelios y del anillo y la mitra propios del ministerio episcopal.
A continuación Mons. Dionisio le entregó el báculo, instrumento del pastor y signo de la misión de pastorear y acompañó a Mons. Álvaro a la sede episcopal haciendo efectiva la toma de posesión de la diócesis como su segundo obispo.
Ya en la sede Mons. Álvaro recibió el saludo de los obispos concelebrantes, de los sacerdotes y religiosas de la diócesis y de algunos laicos.
A continuación prosiguió la liturgia eucarística. En el momento de la Comunión Mons. Álvaro la distribuyó a varios miembros de su familia, venidos de Camaguey, Estados Unidos y Europa.
Ya al filo del mediodía y terminando la Eucaristía , Mons. Álvaro se dirigió a sus fieles donde quiso dejar claro que se sentía Obispo de todos los 820 mil habitantes de esta diócesis y que su mensaje fundamental constaba de tres elementos: primero: Papa Dios nos quiere mucho, segundo: Papa Dios nos quiere mucho y tercero: Papa Dios nos quiere mucho.
Luego una representación de los sacerdotes, religiosas y laicos de la diócesis hicieron entrega de presentes al nuevo obispo entré los que se encontraba el emblemático coche de caballos de Bayamo. Mientras esto ocurría todos los presentes recibíamos el obsequio de la interpretación de La Bayamesa , también por las voces del Coro Profesional de Bayamo.
Luego de la bendición final terminó la ceremonia con un contagioso y sabroso arreglo al canto de salida, que como todos los de la ceremonia fueron animados por el Coro de la Catedral acompañado por una pequeña orquesta de músicos bayameses bajo la segura batuta del Maestro Carlos Puig.
La circundante Plaza del Himno acogió entonces los saludos entre viejos conocidos y el acercamiento entre las jóvenes generaciones que estas celebraciones eclesiales siempre facilitan así como el refrigerio y el sencillo vaso de agua ofrecido por los jovenes voluntarios que nos permitió sobrevivir al ya calcinante sol del mediodía bayamés.
Carlos A. Amador Rodríguez
Bayamo M.N:. 28 de agosto del 2007