Entrevista al español monseñor Domingo Oropesa, nuevo obispo de Cienfuegos (Cuba)
A. Llamas Palacios/Fuente: www.alfayomega.es
«Sacerdotes extranjeros: merece la pena venirse a trabajar a Cuba». Así lo dice y así lo pensó él mismo, monseñor Domingo Oropesa, sacerdote español natural de Alcázar de San Juan, que, hace ocho años, hizo la maleta con destino a Cuba. Ahora, el Papa Benedicto XVI acaba de nombrarlo obispo de la diócesis de Cienfuegos. Se ha convertido, así, en el primer obispo extranjero desde el triunfo de la revolución, en 1959
«No vine a Cuba porque era español, sino porque era sacerdote de la Iglesia». Así explicaba sus motivaciones monseñor Domingo Oropesa, recién nombrado obispo de la diócesis de Cienfuegos, en Cuba, en la alocución que pronunciara, el pasado día 15, durante la ceremonia de su ordenación episcopal, en la catedral.
La noticia de su nombramiento ha tenido una repercusión especial en nuestro país, no sólo por ser español, natural de Alcázar de San Juan, en concreto, sino porque, con su nombramiento, Domingo Oropesa se ha convertido en el primer obispo extranjero, en Cuba, desde la revolución, en 1959.
La historia de este sacerdote en Cuba es relativamente reciente, y hunde sus raíces en la visita del Papa Juan Pablo II a la isla, en 1998. Una visita que revolucionó la vida espiritual de los cubanos, y a la que se le debe, como siempre recuerdan los propios habitantes, un resurgir de la fe que todavía aún perdura. A aquella visita acudió, entre otros muchos, el entonces arzobispo de Toledo, monseñor Francisco Álvarez, hoy cardenal de la Santa Iglesia, quien, al llegar de nuevo a España, les habló a los sacerdotes de su diócesis de la necesidad de vocaciones que tiene la isla. El mismo Domingo Oropesa, en una entrevista concedida a Alfa y Omega, narra así los motivos que le impulsaron a marcharse a Cuba: «Al ver la escasez de sacerdotes, el arzobispo de Toledo nos pidió si alguien quería ofrecerse para ir a Cuba. Yo me ofrecí, y llegué a la isla al año siguiente. Desde entonces, he servido en la diócesis de Camagüey. Estuve siete años en la parroquia de Céspedes, y luego en la de Florida. He sido muy feliz allí».
Un plan pastoral para revitalizar la fe
En el año 86, tenía lugar en Cuba un importante acontecimiento para la Iglesia en el país: el Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC), que algunos analistas han calificado como «el esfuerzo más serio de la Iglesia por elaborar un plan pastoral que estuviera acorde con la realidad social del país». Aquello supuso un aldabonazo importante en la fe de los cubanos, que vendría a ser respaldado de nuevo, doce años más tarde, con la visita de Juan Pablo II. El año pasado, la Iglesia en Cuba decidió comenzar un Plan Pastoral Global para los años 2006-2010. Parece probado que, en una sociedad tan alejada de Dios como es la cubana, donde los católicos no son bien vistos desde el Gobierno y han sufrido incluso maltratos hasta hace bien poco, los esfuerzos de la Iglesia por revitalizar la fe dan fruto. No en vano, en el mismo plan pastoral antes mencionado, se explica que el 75% de los creyentes en Cuba se acercaron a la fe en los últimos 20 años. De ellos, el 26% lo hicieron en los últimos diez.
«Aquí hay mucha escasez de sacerdotes, de religiosas y de religiosos -explica monseñor Domingo Oropesa-, pero también una buena acogida por parte de la gente, que tiene que ir formándose poco a poco. Allí donde hay sacerdotes, las comunidades son vivas y dinámicas». Y explica: «El Plan Pastoral tiene como objetivo hacer una revisión en las diócesis, en las parroquias, de aquello que es propio de la Iglesia en Cuba, en todas las parcelas de la vida pastoral. Un Plan que sirva para revisarse la Iglesia a sí misma en estos comienzos del milenio».
Precisamente, en estos comienzos del tercer milenio, el nuevo obispo de Cienfuegos resalta, como aspectos importantes a tener en cuenta en Cuba, la escasez de vocaciones, «además de que también debe hacerse un llamamiento para que sacerdotes de otros lugares puedan venir a trabajar a Cuba, que merece la pena», con los jóvenes y con las familias.
«Los jóvenes -afirma el obispo- son la esperanza de la Iglesia, eso es evidente, y me parece esencial ir, parroquia por parroquia, potenciando la pastoral juvenil. Con ellos no se puede dejar de trabajar». Por otro lado, la familia cubana es también una grave preocupación para la Iglesia en la isla: «La familia cubana está desintegradísima. No es que los planteamientos cristianos estén totalmente ausentes, porque es casi imposible que alguien no crea en absoluto en Dios, ni en la Virgen. Pero eso es una cosa, y otra es que la gente no tiene mucha formación, y lo cierto es que no se casan mucho ni por la Iglesia ni por lo civil. Básicamente suelen juntarse, y esperar a ver cómo les va. No tengo cifras exactas, por eso no puedo acompañar mis argumentos con estadísticas, pero sí que puedo asegurar que ésta es la realidad cotidiana en Cuba».