Mensaje de monseñor Wilfredo Pino Estévez
GUANTÁNAMO, sábado, 8 septiembre 2007 (ZENIT.org).- Publicamos el mensaje de monseñor Wilfredo Pino Estévez, obispo de de Guantánamo-Baracoa, con motivo de este 8 de septiembre, fiesta de la Virgen de la Caridad del Cobre
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Queridos hijos e hijas de nuestra provincia:
La historia nos enseña que hace poco más de dos mil años, y en un pequeño país del Medio Oriente, vivió una mujer, de carne y hueso como nosotros, a quien se conoce como la Virgen María, y los cristianos del mundo entero veneramos como "la llena de gracia" y "bendita entre todas las mujeres". La grandeza de esta mujer se debe al hecho de haber sido escogida por Dios para ser la Madre de Jesucristo. ¿A qué criatura, después de Jesucristo, han elevado los hombres más oraciones, más cantos, más iglesias? ¿Qué criatura humana ha sido más amada e invocada, en la alegría, en el dolor y el llanto? ¿Qué nombre ha sido mencionado, después del de Jesucristo, con más frecuencia que el suyo?
Con el correr de los años, cada país ha querido tener a la única Virgen María como algo propio: para los mejicanos, por ejemplo, ella es la Virgen de Guadalupe; para los franceses es la Virgen de Lourdes; para los portugueses, la Virgen de Fátima; para los brasileños es La Aparecida; para los venezolanos, Nuestra Señora de Coromoto; para los cubanos, ella es la Virgen de la Caridad del Cobre. También ella es conocida con diversos títulos como María Auxiliadora, María Inmaculada, la Virgen Milagrosa, etc. A ella, además, la invocamos como "consuelo de los afligidos", "refugio de los pecadores", "salud de los enfermos", auxilio de los cristianos", "madre del buen consejo" y otros preciosos títulos más.
La Biblia nos dice cómo la Virgen María, al enterarse de que su prima Isabel estaba embarazada, fue "aprisa" a la montaña donde ésta vivía para ayudarla en su maternidad. Si María caminó "aprisa" los 150 kilómetros que la separaban de Isabel, también llegó "aprisa" a esta tierra cubana. Ya en 1492, hace 515 años, arribaba a Cuba el gran almirante Cristóbal Colón capitaneando una nave con el admirable nombre de "Santa María". Y en 1612 (¡pronto hará 400 años!), un niño negro de 10 años de edad nombrado Juan Moreno, y dos hermanos cubanos blancos, Juan y Rodrigo de Hoyos, encontraron flotando, en la Bahía de Nipe, una pequeña imagen de la Virgen María. En la tabla que la sostenía podía leerse: "Yo soy la Virgen de la Caridad". "Aprisa" también la llevaron ellos a El Cobre, donde ha quedado para siempre. Uno se pregunta quiénes fueron los protagonistas de este hecho, si los cubanos o la Virgen... porque podríamos preguntarnos quién encontró a quién: ¿Fueron los cubanos quienes encontraron a la Virgen de la Caridad o fue la Virgen de la Caridad quien vino al encuentro de su pueblo cubano?
A la Virgen María de la Caridad le han brindado su arte, su escultura, su pintura, su música, su mármol, su oratoria, cubanos de la talla del Padre Félix Varela, Gertrudis Gómez de Avellaneda, José Martí, Fina García, Lezama Lima, Luisa Pérez de Zambrana, Emilio Ballagas, Ernesto Lecuona, Dulce María Loinaz, Nicolás Guillén, Juan Manuel Nápoles Fajardo, Rita Longa, José María Vitier, Amaury Pérez, Rosita Fornés y tantos otros. ¡Cuántos pueblos, repartos y calles, cuántas tiendas llevan el nombre de la Virgen María o de alguna de sus advocaciones! No nos extrañe que el primer lugar donde fueron liberados los esclavos en nuestra patria haya sido El Cobre. No nos extrañe que nuestra Mariana Grajales bautizara a su hijo con el nombre de Antonio de la Caridad Maceo y Grajales, ni que los Veteranos de la Independencia la llamaran "Virgen mambisa". No nos extrañe que una persona devota llevara al Santuario del Cobre tierra de Guantánamo con motivo del viaje al cosmos de Arnaldo Tamayo, hijo de esta provincia. Y no olvidemos a los soldados rebeldes bajando victoriosos de la Sierra Maestra con sus rosarios al cuello.
En El Cobre, ante la pequeña pero poderosa imagen de la Virgen de la Caridad, rezó de rodillas Carlos Manuel de Céspedes, y Ernest Hemingway dejó su medalla de Premio Nobel. En el Santuario del Cobre, en 1898, se celebró una misa, ordenada por el General Calixto García, y con su Estado Mayor presente, para celebrar "el triunfo de Cuba sobre España". Allí, junto a la Madre de todos los cubanos, y cuando aún no habían terminado los recientes Juegos Panamericanos de Río de Janeiro, una de las primeras deportistas en regresar a la patria ya dejaba su medalla de oro a la Virgen de la Caridad con esta sincera dedicatoria: "Con gran júbilo, emoción y sentimiento dedico esta medalla a quien ha sido mi fuente de inspiración en mis mayores resultados deportivos: la Virgen de la Caridad del Cobre".
Un santo obispo de Cuba, ya fallecido, afirmaba que ir al Cobre y visitar a la Virgen de la Caridad "ha sido y es para los cubanos una dicha, una experiencia única y una gracia que no se olvida nunca, porque del Cobre nadie regresa nunca con las manos vacías. No se podrían calcular los millones de cubanos que, en estos casi cuatro siglos han ido al Cobre para llevarle siempre a la Virgen algo de su vida profunda". ¿Habrá alguien en Cuba que no conozca la letra y la música de ese canto tan popular que dice: "Y si vas al Cobre quiero que me traigas una Virgencita de la Caridad"?
Muchos de ustedes recordarán cómo una imagen misionera de La Virgen de la Caridad peregrinó, entre los años 1951 y 1952, por las seis provincias cubanas de entonces, visitando 684 pueblos: 116 de Oriente, 67 de Camagüey, 169 de Las Villas, 123 de Matanzas, 70 de Pinar del Río y 139 de La Habana. Las crónicas de la época reflejan que a nuestra provincia llegó, a las 11 de la noche del 30 de junio de 1951, por el Central Baltony (Los Reinaldo). De allí la Virgen visitaría: Ermita (Costa Rica), Soledad (El Salvador), Esperanza (Argeo Martínez), La Isabel (Honduras), Santa Cecilia, Romelié (Héctor Infante), San Antonio (Manuel Tames), Belona, Marianal, Tiguabos, Cuneira, Carrera Larga, Sempré, Jamaica, Boquerón, Caimanera, Baracoa, Guantánamo y otras localidades más.
La Virgen María actualmente pasa su cielo haciendo el bien en la tierra, y nosotros somos testigos de ello. Ella está tan cerca de Dios, que conviene que acudamos a ella en nuestras necesidades. Hace 20 siglos ella le pidió a su hijo Jesús un milagro para unos jóvenes que se casaban en un pueblo llamado Caná de Galilea. Se les acababa el vino de su fiesta. Sólo hizo falta que ella, sin que nadie se lo pidiera, tomara la iniciativa e intercediera ante Jesucristo: "Hijo, no tienen vino". Y Jesucristo hizo el milagro de convertir el agua en vino. Ella también hoy sigue intercediendo por nosotros y nuestras necesidades: "mira, Señor, que su matrimonio está en peligro" o "no tienen salud" o "les falta la alegría de vivir", o "mira que les hacen falta más sacerdotes y religiosas"... Y así muchas necesidades más.
Hace unos años, un joven universitario católico me contó la conversación que había tenido con un amigo y compañero de estudios que tenía otra religión. Este último un día le preguntó: "¿Por qué tú le rezas y le pides a la Virgen si puedes rezarle y pedirle directamente a Dios?". Y fue genial la respuesta de su amigo católico: "Por la misma razón por la que tú me pediste hace unos días que rezara por ti porque tenías un examen muy difícil. ¿Por qué no le rezaste directamente a Dios? ¿O es que tú querías hacer más fuerte tu oración rezando juntos, tú y yo, por lo mismo? ¿Por qué, entonces, no vamos a poder hacer lo mismo con la Virgen para que ella rece a Dios junto con nosotros?".
A la Virgen de la Caridad le rezamos con la oración del rosario, donde cincuenta veces la saludamos y le pedimos que "ruegue por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte". ¡Qué maravilloso sería rezar cada día el rosario y así pedirle a la Virgen en cada avemaría que esté presente a nuestro lado no sólo cuando nos llegue ese momento impresionante de nuestra muerte, sino también ahora, en este mismo momento, cuando quizás estemos pasando por un momento malo, o nos han dado una noticia desagradable, o vamos de viaje por la carretera, o no nos alcanza el salario del mes o se nos dificulta la comida de cada día! Imitemos al eminente sabio cubano Carlos J. Finlay quien afirmó que un día, "mientras rezaba el rosario", tuvo la inspiración de que un tipo de mosquito (el Aedes aegipty) podía ser el causante de la transmisión de la fiebre amarilla.
Queridos todos: Los cubanos necesitamos de la Virgen de la Caridad para recordar nuestras raíces y para que no nos avergoncemos de nuestra fe en Dios y de nuestra historia cristiana. Cuba necesita de la Virgen de la Caridad para no olvidar cómo debe ser un pueblo de sencillo, humilde, cordial, cortés, nada rencoroso, hospitalario y apegado a la familia. Y de cómo un pueblo debe saber sobreponerse a las mil vicisitudes por las que ha pasado en su larga historia. Cuba necesita de la Virgen de la Caridad, la Virgen del Amor, para saber buscar lo que une y no lo que divide; para saber perdonar y buscar la reconciliación; para eliminar las rencillas y sanar nuestra memoria enferma. Cuba necesita de la Virgen de la Caridad para que ella nos lleve a conocer a Jesucristo, amarlo y seguirlo.
Sólo me resta invitarlos a las celebraciones que habrá en cada iglesia el 8 de septiembre o en los días cercanos. Este año tendremos en la provincia, Dios mediante, cuatro Procesiones en honor de la Virgen de la Caridad. En la ciudad de Guantánamo será el viernes 7 de septiembre, a las 7 de la noche, saliendo de la Iglesia de la Milagrosa, en la calle Paseo, hasta la Iglesia Catedral, en el Parque Martí. Y en Baracoa, Imías y San Antonio del Sur será el sábado 8 de septiembre, a las 7 de la noche. ¡Preséntenle a la Virgencita en esas Procesiones a sus hijos y nietos y pidan para ellos su protección! ¡Lleven una flor para dedicársela a ella en el día de su fiesta! ¡Una velita encendida en sus manos será signo de su oración para que Dios nos conceda la paz y la felicidad de cada familia! ¡Ella esperará por todos nosotros!
Aprovecho la ocasión para sugerirles que, si alguna familia guantanamera no tiene en su casa una estampa de la Virgen de la Caridad y desea tenerla, puede dirigirse a la Iglesia de La Milagrosa, en la calle Paseo, este miércoles 5 de septiembre, de 8 a l2 del día y de 2 a 6 de la tarde, y se la podremos regalar.
Pido a la Virgen de la Caridad que cuide celosamente de cada uno de sus hijos cubanos, los que estamos aquí y los que viven o trabajan en otros países. Que la Virgen de la Caridad inspire a las autoridades del país para que todas sus decisiones tengan la bendición de Dios y sean siempre para el bien de nuestro pueblo. Que la Virgen de la Caridad proteja a los niños, ancianos, presos, enfermos, a los que viven solos, y a los que se sienten tristes o abandonados. Y que la bendición de Dios Todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre cada uno de ustedes y los acompañe hoy y siempre.
AMÉN