martes, 30 de octubre de 2007
Guillermo Fariñas Hernández, Cubanacán Press

SANTA CLARA, Cuba, octubre (www.cubanet.org) - Existen quienes afirman que la primera víctima de la gran ola represiva de 2003 fue el doctor Oscar Elías Biscet.

Los valiosos hombres y mujeres que se integran a la oposición pacífica, ven, entre los opositores más carismáticos, al doctor Biscet, presidente dentro de la prisión de la Fundación Lawton de Derechos Humanos.

El activista Biscet llegó a llamar con su actitud la atención de los analistas de la policía política, cuando dio sus primeros pasos dentro de la disidencia.

Oscar Elías es un hombre con arraigadas convicciones cristianas, valentía personal e integridad moral. Seguidor consecuente de los métodos de la desobediencia civil, modo de lucha que lo ha llevado a la cárcel en varias ocasiones. Es hogareño, familiar, y un negro casado con una mujer blanca, lo que es un sacro delito para el fidelismo racista.

El médico residente en el capitalino barrio de Lawton ha marcado hitos en los eventos contestatarios al régimen. Él fue el primero en denunciar los asesinatos a través del aborto que ocurren a diario en el hospital materno infantil Hijas de Galicia.

Otra de sus victorias sobre el totalitarismo fue el ayuno de Tamarindo 34, que convirtió a Biscet en una suerte de intocable ante los costos políticos de la represión contra él.

Oscar Elías se consagró en la Cumbre Iberoamericana de 1999, donde acaparó la atención de la opinión pública internacional, con los sucesos del Parque Butari.

A pesar de su costo político y diplomático, y sin saberse todavía el primer detenido del Grupo de los 75 de la Primavera Negra de Cuba, a Oscar Elías, que sólo llevaba 37 días de supuesta libertad, la venganza le llegó de repente, cuando pretendía realizar una actividad cívica por el 10 de diciembre de 2002, Día de los Derechos Humanos, lo que le costó una condena de 25 años.

Oscar Elías es un caso especial debido al color de su piel, algo contrastante con una mentalidad racista como la del comandante en jefe, quien ha expresado en público: "De racismo no hablemos en Cuba, porque existe lo mismo de los blancos hacia negros, como de los negros hacia blancos… mejor me cayo la boca, para no ofender a los negros".

Dicho por el dirigente de un gobierno que lleva 47 años en el poder, adquiere una connotación de verdad absoluta e irrebatible. Anunciado por el propio Castro, dado el carácter personalista de la revolución cubana, hace que su alusión racista se convierta en santa palabra.
Comentarios