MENSAJE DE MONSEÑOR WILFREDO PINO ESTÉVEZ, OBISPO DE LA IGLESIA CATÓLICA DE GUANTÁNAMO-BARACOA, CON MOTIVO DE LA NAVIDAD
Y AÑO NUEVO
(Guantánamo, Noviembre 21)
Queridos hijos de esta amada provincia: Nuevamente les habla su Obispo porque esta noche es Nochebuena y mañana Navidad, y porque estamos a punto de comenzar un nuevo año.
En días pasados, las tiendas en divisas de nuestro país pusieron a la venta los tradicionales arbolitos de Navidad, bolas de distintos colores para adornarlos, luces intermitentes, guirnaldas, etc. Lástima que en todo esto que se ofreció, faltó lo principal, el protagonista de esta historia: la imagen del Niño Jesús. Porque la Navidad es la fiesta que nos recuerda el nacimiento de Jesucristo, hace más de dos mil años, en un pequeño pueblo llamado Belén, a sólo ocho kilómetros de la actual Jerusalén. Hace 1677 años y para recordar este acontecimiento que dividió la historia del hombre en “antes de Cristo” y “después de Cristo” , el emperador romano Constantino I el Grande construyó allí una de las más antiguas iglesias del mundo: la Iglesia de la Natividad , visitada hoy día por miles de peregrinos y turistas.
NOCHEBUENA le llamamos a la noche de hoy, la del 24 al 25 de diciembre. Nochebuena porque en ella nació Jesucristo, la Luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. Nochebuena porque en ella Dios se ha puesto al alcance de cada persona. Nochebuena porque desde entonces nuestros pecados pudieron ya ser perdonados y nosotros pudimos aprender a perdonar a los demás. Nochebuena porque a todos, sin excepción, nos llegó una buena noticia: “Hoy nos ha nacido un Salvador, que es Cristo, el Señor” (Lc. 2, 11).
Mañana será el día de Navidad. La Navidad es la fiesta más popular, más alegre y más antigua en la mayoría de los países del mundo. Esta Navidad será la 2007 de la historia. Ningún otro acontecimiento histórico se ha celebrado tantas veces sin que aburra. Muchas familias supieron mantener esta tradición. Por esos días, todos tratamos de visitarnos, de reunirnos, de tener una comida juntos, de preparar los pequeños regalos de los niños para el 6 de enero, Fiesta de los Reyes Magos. Son días especiales para perdonarnos mutuamente, para reconciliarnos, para “volvernos a hablar” si estábamos peleados… ¡Cuánto necesitamos todos ser más niños, más humildes, más pequeños! ¡Cuánto necesitamos dejar de ser ese “personaje” que cada hombre se fabrica y luego no sabe cómo desprenderse de él! Desde esta Navidad debiéramos hacer el propósito de no buscar las grandezas, de sentirnos por debajo de todos y al servicio de todos.
Después de la Navidad vendrá la fiesta de Año Nuevo. En las comunidades celebramos la Misa por la Paz. En Cuba, gracias a Dios, no hay un conflicto bélico, pero ¡cuántas familias nuestras viven en una constante guerra entre sus miembros! ¡Cuántos de nuestros hogares son una verdadera “olla de grillos”! Por eso tenemos que rezarle al Niño de la Nochebuena. Él viene desarmado. No amenaza. No usa la fuerza. No se impone, se ofrece. Él es el Príncipe de la Paz. Recemos para que se haga realidad en nuestras casas el canto que se escuchó en Belén, en la primera Nochebuena de la historia: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”.
Es probable que en las conversaciones de esos días de Año Nuevo, cada uno de nosotros dirá frases como éstas: “¡qué rápido se me fue este año…si me parece que empezó ayer… se me fue volando!”… y es que la vida es breve. El Salmo 89 de la Biblia nos advierte que “aunque uno viva setenta años, y el más robusto hasta ochenta, la mayor parte son fatiga inútil porque pasan aprisa y vuelan”. También es posible que muchos de los afectados por los aguaceros torrenciales de los meses pasados más bien comenten: “qué año más difícil… qué largo se me hizo”… Hay también quienes en estos días finales de diciembre gustan de discutir si el que viene será un año más de vida o un año menos… para terminar con una frase de desconfianza: “¡Vamos a ver cómo viene este año!”…
El refrán que todos los cubanos sí aceptamos de buen gusto es bien conocido: “Año nuevo, vida nueva”. Hay en él un vivo retrato del deseo que tenemos de empezar bien el año, de ordenar la casa y las cosas de nuestra vida, de no repetir errores. Ojalá que en estos días, al desearnos “que haya salud, que lo demás no importa” , pensemos no sólo en la salud del cuerpo sino en la otra salud, la del alma. Porque, ¿qué habremos logrado si al final de una vida “saludable” el Señor nos dijera: “Apártate de mí porque no te conozco” (Mt. 25, 12), porque olvidamos lo que él mismo nos advirtió: “¿De qué le vale a un hombre ganar el mundo entero si al final de su vida pierde su alma?” (Mt. 16, 26).
• ¡Qué bueno sería que en el 2008 disminuyeran al menos los abortos, los divorcios, los robos de bicicletas y casas, los adulterios, el consumo de bebidas alcohólicas, las malas palabras, los chismes, las “puyas”, la doble cara…!
• ¡Qué bueno sería proponernos dejar de ser “luz de la calle y oscuridad de nuestra casa” y dedicar más tiempo este año a la familia, a los hijos, a los abuelos y tíos olvidados!
• ¡Qué bueno sería que recuperáramos el “si Dios quiere” que siempre decían nuestros abuelos! Quizás Dios tenga quejas contra nuestra Iglesia y nuestro pueblo porque hicimos y hacemos planes sin contar con su bendición. Y la historia nos confirma lo que escribió San Agustín: “Cuando uno huye de Dios, todo huye de uno”. Y se cumple la advertencia del Salmo 127: “Si el Señor no construye la casa, en vano se esfuerzan los albañiles”.
• ¡Qué bueno sería que las inquietudes e inconformidades de la población cubana, expresadas en reuniones abiertas en estos últimos meses, encuentren una solución rápida por parte de quienes tengan que hacerlo!
• ¡Qué bueno sería que cada uno dedique este año más tiempo a escuchar que a hablar, porque casi siempre hablamos mucho y escuchamos poco. Y nos hace falta escuchar más a Dios y a nuestros familiares y vecinos. Y escuchar también a los que piensan de manera distinta, a los que nos critican. Nada vamos a perder con ello porque, como aprendí de un sabio obispo, “los críticos nos revelan lo que los incondicionales nos ocultan”.
• ¡Qué bueno sería que todos los cubanos nos propusiéramos hacerles la vida más fácil a los demás! Sufro leyendo las cartas que cubanos como yo envían a los periódicos donde se desahogan contando su rosario de dificultades: paquetes que les han robado en el correo, equipos eléctricos en garantía dañados y que no logran reponer, familias que no pueden dormir por la música alta en los alrededores, personas que, buscando resolver un problema, han sido “peloteadas” de aquí para allá, a veces durante años. En este próximo 2008, todos los cubanos: administradores, dependientes, recepcionistas, obreros, dirigentes, médicos, sacerdotes, taxistas, tú y yo, debiéramos hacerles a los demás cubanos muchas veces estas preguntas: ¿en qué puedo servirleS ?, ¿en qué puedo ayudarles ?
Rezo para que, en el próximo año, los cubanos sepamos conservar todo lo bello que tenemos: la chispa, las iniciativas, las ocurrencias, el amor a Dios y a la Virgen de la Caridad , el apego a la familia y a la tierra cubana, el amor a los hijos y la alegría. Que no dejemos morir lo bueno y bello que hay en nosotros.
Una costumbre muy linda que hemos sabido conservar entre nosotros es que, en Navidad y Año Nuevo, nos felicitamos mutuamente. ¡Felicidades!, nos dicen. Y nosotros contestamos: ¡Lo propio! o también ¡Igualmente! Y eso es encantador, porque el verbo felicitar viene del latín felicitare , que significa hacer feliz. ¿Se imaginan ustedes qué distinto sería este mundo, Cuba, Guantánamo, nuestras comunidades, nuestras familias, si cada uno se propusiera felicitar, o sea, hacer feliz a los que lo rodean?… ¿si cada uno se dedicara a pensar menos en su propia felicidad para buscar la felicidad de los demás?... ¿si los esposos y esposas se dijeran mutuamente “yo quiero hacerte feliz a ti” ? Si hacemos esto, habrá Navidad. Ojalá que en esta Navidad le abramos nuestro corazón a Jesucristo. Ojalá que en esta Navidad perdonemos de corazón a quien nos haya ofendido. Ojalá que en esta Navidad alegremos el corazón de un enfermo o de un viejito del Hogar de Ancianos.
No quiero terminar sin aprovechar esta oportunidad de poder hablarles por la radio para adelantarles una buena noticia que espero ampliar próximamente: Si Dios quiere, el domingo 24 de febrero, inauguraremos la sede del Obispado de Guantánamo-Baracoa, en la calle Paseo entre San Gregorio y Cuartel. Para tan gran acontecimiento, contaremos con la presencia de Su Eminencia, el Cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado del Papa Benedicto XVI. Será la primera vez que una persona de tan alta responsabilidad en la Iglesia Católica visite nuestra provincia. Ese domingo, a las 9 de la mañana, él presidirá una Misa solemne en la Plaza Pedro Agustín Pérez para luego, al terminar, ir todos hasta el Obispado y dejarlo inaugurado. Será muy buena la ocasión para reunirnos una vez más y dar gracias a Dios. ¡ Ojalá que todos puedan participar en esta celebración!
Quiero, además, que esta bendición por la Navidad que ahora les imparto descienda especialmente sobre los enfermos, los presos, los minusválidos, los que viven solos, los que están lejos de su familia y de su tierra cubana, los que sufren, los que se sienten tristes, los que lamentan la muerte reciente de un ser querido, y los que han perdido la virtud de la esperanza. ¡Feliz Navidad y próspero Año Nuevo!, les desea su Obispo, que ahora los bendice.
¡Que la bendición de Dios Todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo,
descienda sobre todos ustedes y los acompañe hoy, mañana y siempre. Amén!
(Canto: Feliz Navidad)
(A trasmitirse por la radio provincial el lunes 24 de diciembre,
a las 9 y 30 am )