miércoles, 30 de enero de 2008
"¡Cuba: cuida a tu familia para que conserves sano tu corazón!"

por Ana Martínez
anmartinez_2008@yahoo.es
29 de enero de 2008



Hace un mes di a luz a mi quinta hija y entre los varios e-mails que recibí felicitándome me llegaron varios correos de amigos “cristianos” cubanos en los que de una manera muy sutil se reían de mi condición de madre de familia numerosa. Y esos que hacían burla dicen ser cristianos católicos de Cuba, de esos que en la Isla eran devotos externamente y fieles a la Misa dominical, que luego algunos han llegado al exilio y allí siguen practicando su “buena” fe y su muy particular manera de practicar su creencia. Otra buena parte de estos “católicos” quedan en la Isla viviendo la fe, de una muy particular manera: cogiendo de la religión lo que les conviene y viviendo a su manera.

Esta es la gran hipocresía, pensé, decir ser una cosa y en el fondo ser otra. Lo más triste, es que estos comentarios suelen venir de esas personas a las que pensábamos tener en un “pedestal” por su trayectoria de vida o por sus acciones aparentes dentro de la Iglesia. Ese es un gran cáncer que corrompe a la familia cubana: la hipocresía acompañada de la falta de compromiso serio.

Cuando Juan Pablo II visitó Cuba abordó uno de los temas medulares de su magisterio. Aún resuena en nuestra alma aquel llamado: "¡Cuba: cuida a tu familia para que conserves sano tu corazón!". Aquel fue un mensaje urgente y decisivo; urgente porque desde que llegó al poder en Cuba la “Revolución” cubana, la familia se ha visto seriamente afectada, dividida, marginada, tentada en la vida diaria con la imposición de las becas, escuelas al campo, con la propia educación social en la que imperan los antivalores, la falta de respeto, la vulgaridad y la mediocridad y decisiva porque era y sigue siendo la hora de hacer cosas, no de estarlas analizando o debatiendo, sino de poner las ideas en práctica, ya, ahora, empezando cada uno por su propia parcela, por su propia familia.

No hace ni una semana recibí también una carta de mi madre, quien todavía está en Cuba, donde me hablaba un poco de todo este asunto, de la falsedad y de cómo se vive mucho la apariencia incluso dentro de la propia Iglesia. Ella está muy integrada en las actividades de su parroquia, reza, va a Misa e intenta en su vejez vivivir su fe lo mejor que puede, pero se alarma de todo lo que ve a su alrededor y es que los cubanos católicos tampoco nos escapamos de la hipocresia religiosa.

Me cuenta ella de varios casos en los que x joven se junta a vivir con su pareja sin casarse por la Iglesia (hablo de mujeres católicas o que dicen serlo) y que luego tranquilamente comulga en la Misa dominical, me cuenta de una pareja de diáconos cubanos muy comprometidos de cara al exterior (fachada), pero que cuando ella les comenta ciertos temas trascendentales hacen burla, o en su popia vida no hay congruencia entre lo que dicen y hacen. Me cuenta también de un joven que va a Misa e imparte la catequesis pero que luego resulta que, estando casado, anda en pasos que no debería, resumiendo: matrimonios y familias que se nos venden como “ejemplares” a los ojos de la parroquia pero que luego practican en lo oculto el aborto, la promiscuidad o el control de la natalidad a través de la píldora u otros medios no permitidos por la Iglesia, matrimonios que viven en su vida privada muy lejos de las enseñanzas de la Iglesia. ¿Cómo se puede presumir, por ejemplo, de decir que se es diácono o catequista, cuando en tu propia vida no vives tu fe como deberías? ¿Cómo se puede escribir en una revista como “consejero matrimonial” si luego en tu casa no practices lo que a otros aconsejas? Más que engañar al entorno uno se engaña a sí mismo y lo que es peor, a Dios, que todo lo sabe y quién mejor nos conoce.

A mi madre, como a mucha otra gente, le “fastidia” por decirlo de alguna manera que en la propia Iglesia existan personas que vivan esta dualidad, esta falsedad en su vida. Lamentablemente algunos de estos "católicos" son los que escriben en las revistas diocesanas, los que suelen salir al extranjero en viajes "eclesiales", los que reciben ayudas económicas para seguir "viviendo" el Evangelio en Cuba.

Hay una parroquia, por ejemplo, que recibe periodicamente dinero para repartirlo entre los matrimonios más necesitados, resulta ser que casi siempre se queda en las manos de las mismas personas, otras veces se organizan viajes religiosos al extranjero y otra vez, curiosamente, esos viajes los dan siempre las mismas personas. No es de extrañar que el resto de la comunidad, de la parroquia se sienta defraudada. Hay muchísima gente que a causa de éstas y otras cosas ha dejado de ir a la Iglesia....Es muy triste, pero sucede. Todo esto está pasando dentro de las comunidades católicas cubanas y sin embargo muchos miran para el otro lado como si no ocurriera. Podrá decirse que construir la fe sobre cosas externas no es algo serio, pero los seres humanos necesitamos muchas veces de los gestos externos para creer o para seguir adelante. Si a usted le venden gato por liebre no creo que le guste que le tomen el pelo. Para ostentar un cargo dentro de la Iglesia, sea el que sea, hay que vivirlo primero uno en persona, un consejero familiar, un diácono, un catequista, un director de una revista católica.... deben ser los primeros en predicar con el ejemplo.

La fe en Cuba, al cabo de diez años de la visita de Juan Pablo II se vive en cantidad pero no en calidad, mucho ruido pero pocas nueces, es lo que perciben muchos, lo que percibe mi familia en Cuba y lo que percibo yo. Se relativizan mucho las cosas y hay una falta de formación religiosa muy grande, muchos católicos cubanos comulgan en estado de pecado mortal y no pasa nada. Es urgente por tanto una revisión de lo que se ha conseguido y de lo que aún queda por conseguir y una formación seria y compromertida a fin de que los que estén, estén de verdad, no para mostrar fachadas o aparentar lo que no se es, sabe Dios con qué fines. Los sacerdotes y religiosos son los que en primer grado deben llamar la atención a estas personas, hacerles ver su dualidad de vida para que sean ejemplo ante la comunidad a la que representan. Hay familias enteras que viven en esta doble moral. ¿No deberían ser las familias católicas las que que primero inspiren con su ejemplo?

Pienso que es básico implementar en las parroquias una formación en la catequesis y en la pastoral familiar, que los matrimonios se preparen para educar a sus hijos, que se exija una mejor formación a la hora de recibir los sacramentos, de otorgar cargos, que la gente sepa que la Comunión y la Confesión no son un juego, que haya una preparación extensa y profunda al sacramento del Matrimonio para que los que estén, aunque sean pocos, estén de verdad viviendo su fe y predicando al resto de la sociedad con su propia vida.

La gente no escucha muchas veces lo que decimos, sino que ve lo que hacemos. Si un católico dice algo con su lengua pero luego hace otra cosa con su vida dificilmente los demás le tomarán en serio.

Las familias católicas deben ser como pequeñas antorchas que irradian a Cristo y las parroquias cubanas deben fomentar y apoyar el que las familias se eduquen en los valores cristianos y que sean auténticas hogueras.

No cuidar a la familia es no cuidar las bases de la sociedad, un país sin familias firmes, bien estructuradas no tiene futuro, porque si se desmorona su base presente no tiene en qué apoyar el gran edificio del mañana. Un país sin familias sanas es como un castillo de arena, débil, moldeable, sin forma ni sustancia.

El ambiente que se vive en las calles de Cuba es desolador: matrimonios rotos, parejas de hecho, promiscuidad, hipocresía, infidelidad, aborto, prostitución, antinatalidad....Por favor ¡Que todo esto no entre a la Iglesia también! Hay que alejar todas estas cosas de las parroquias. Las familias cristianas tiene que ser algo distinto, cuando se vive en clave cristiana hay que imitar e irradiar a Cristo en la familia y romper con todo lo que no es de Cristo.

Juan Pablo II en su visita a Cuba en 1998, nos enseñó que …”la salida está en la cultura de la vida, en la cultura de la verdad, en la cultura de la tolerancia, en la educación de las conciencias, en el cultivo de la espiritualidad, en el corazón de la sociedad que es la familia”.

Vamos a tomarle entonces la palabra y vivir nuestra fe con autenticidad, con compromiso, DE VERDAD y haciendo menos ruido y produciendo “más nueces”, esto es: más frutos de vida cristiana.
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