miércoles, 20 de febrero de 2008
MENSAJE RADIAL CON MOTIVO DEL X ANIVERSARIO DE LA VISITA DEL PAPA JUAN PABLO II A LA CIUDAD DE SANTA CLARA Queridos hermanos de la región central del país: Les habla Mons. Arturo González Amador, Obispo de Santa Clara, de la Iglesia Católica. El motivo que me ha traído hoy aquí es muy sencillo: ustedes recordarán que hace 10 años el Papa Juan Pablo II visitó Cuba, y en concreto también la Ciudad de Santa Clara. Aquí celebró la primera de las cuatro misas que tuvo la oportunidad de presidir en Cuba. Muchos de ustedes tendrán bien impreso en la memoria aquellos inolvidables días de enero de 1998. Toda Cuba vivió unos momentos que marcaron para siempre su historia. Y la Iglesia Católica cubana guarda aquellas jornadas como las más trascendentales de todas: era la primera vez que un sucesor del Apóstol San Pedro ponía sus pies en la tierra de la palma real y la mariposa blanca. El, Juan Pablo II, recorrió toda nuestra geografía, de occidente a oriente, y con su palabra y cercanía afectiva nos animó a ser buenos hijos de Dios y a amar y trabajar por este suelo que nos vio nacer. Para los cristianos católicos el momento más importante de nuestras vidas es la celebración de la Misa. En ella celebramos el encuentro con Jesucristo que nos regala la Palabra de Dios y nos alimenta con su propio Cuerpo y Sangre. Esta ciudad de Santa Clara tiene el inmenso honor y el sano orgullo de haber sido testigo de la Primera Misa del Papa Juan Pablo II en Cuba. Las personas que fueron aquella inolvidable mañana del 22 de enero de 1998 a los terrenos del Instituto Superior de Cultura “Física Manuel Fajardo”, de seguro que no han borrado de sus memorias tan entrañable jornada. A los diez años de aquel acontecimiento histórico nuestra Iglesia, sabiéndose parte inseparable de este querido pueblo cubano, quiere compartir con todos los recuerdos y la acción de gracias a Dios por la persona de Juan Pablo II, por sus enseñanzas siempre cargadas de verdades religiosas, de amor a Dios y al ser humano; en favor del hombre, del bien y de la paz. Me gustaría comenzar reflexionando con ustedes sobre quién es el Papa, del cual muchos de ustedes saben que vive en el Estado más pequeño del mundo, La Ciudad del Vaticano, en el corazón de Roma, la capital de Italia. Del Papa, algunos también saben otras cosas, que es el pastor supremo de la Iglesia Católica , entre otras cosas. Ante todo hay que hacer referencia a Aquel de quien el Papa recibe su autoridad. Me refiero a Jesucristo, el Señor, el Hijo de Dios. En la Biblia , en el cuarto evangelio, el de San Juan, encontramos este hermoso texto: “Tanto amó Dios al mundo, que envió a su Hijo único para que todo aquel que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” Esa misión de ser enviado de Dios para la salvación de la humanidad la cumplió Jesús amando sin límites a su Padre Dios y a todos los hombres, haciendo siempre el bien, practicando la justicia, hablándonos del Reino de Dios y sus valores, enseñándonos a ser mejores personas. La cumbre de la misión de Jesús fue su entrega a la muerte por amor a todos los hombres. Todos sabemos que Jesucristo murió crucificado, según la usanza romana de aquella época. Nuestra fe nos asegura que Cristo no está muerto, que a los tres días de haber expirado en la cruz resucitó porque Dios, su Padre, no lo abandonó. Muchos fueron los testigos que tuvieron a Jesús resucitado entre ellos. Todos se convirtieron en mensajeros de que Dios Padre había arrancado a Jesús de las manos de la muerte y lo había resucitado para siempre. Estos hombres y mujeres compartieron la vida con Jesús y un día lo vieron “subir a lo alto de los cielos”. Aquí está encerrada la verdad principal de nuestra fe: ¡Jesús está vivo! La proclamación de esta noticia fue encomendada por el mismo Jesús resucitado a sus seguidores, a los apóstoles. A ellos les dijo: “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enséñenles a cumplir todo lo que les he encomendado. Yo estoy con ustedes todos los días hasta que se termine este mundo”. La comunidad de los que han recibido el mensaje de la resurrección de Jesús y han creído en él es lo que llamamos la Iglesia. Los que formamos la Iglesia de Jesucristo queremos vivir según sus enseñanzas, contenidas en el Evangelio. Para formar parte de la Iglesia se necesitan dos cosas fundamentales: · Primero: algo que muchos de ustedes conocen, el Sacramento del Bautismo. Por él somos hechos hijos de Dios, hermanos de Jesucristo y miembros de la Iglesia. El Bautismo supone la fe, que es la adhesión de todo nuestro ser: espíritu y cuerpo, mente y corazón, a Dios. · Segundo: una actitud de vida, la conversión. Esto es el cambio de vida, dejando atrás las malas obras y asumiendo las enseñanzas de Jesús, amando a Dios y haciendo el bien a todos. Del grupo de los 12 hombres que Jesús llamó para ser sus apóstoles, tenemos que a Pedro le encomendó la misión de estar al frente de todos los demás. Un día le dijo: “Tú eres Pedro, (que significa piedra), y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.” Por tanto Jesús confió a Pedro la custodia de la comunidad cristiana. Sabemos por la historia que los apóstoles, cumpliendo el mandato del Señor, salieron por todas partes a predicar el Evangelio, y que Pedro se fue a la misma capital del Imperio: Roma. Allí entregó su vida en martirio por fidelidad a la fe cristiana, por no traicionar a Jesucristo. Después del martirio de Pedro, de su muerte, la comunidad cristiana de Roma siguió teniendo otros pastores que ocuparon el lugar de Pedro al frente de las comunidades cristianas. La Iglesia entera comprendió que si Pedro fue el que Jesús puso al frente, aquellos que lo sucedieran tendrían también esa misión. La autoridad del sucesor del San Pedro fue reconocida desde un principio por todos los apóstoles y por todos los que se iban haciendo discípulos de Cristo y llevando la fe por todos los rincones del mundo. Con el tiempo, al sucesor del apóstol Pedro comenzaron a llamarle Papa, que significa “padre en la fe”. El actual sucesor del Apóstol San Pedro es el Papa Benedicto XVI. Hace el número 265 en la lista ininterrumpida de los papas a lo largo de 21 siglos de historia de la Iglesia Católica. Antes que él guió la Iglesia el querido y recordado Juan Pablo II, de quien comencé hablando hoy, a los 10 años de su visita a tierras cubanas. Cuando Juan Pablo II visitaba un país, y sabemos que fueron muchos los que lo tuvieron de huésped, procuraba siempre encontrarse con personas de todas las realidades sociales: con las autoridades del país, con los miembros de la Iglesia Católica y con los miembros de otras iglesias cristianas y de la comunidad hebrea, con los enfermos, con los pobres y marginados, con los intelectuales y hombres del mundo de la cultura, con los obispos, sacerdotes, religiosas… En Cuba hizo lo mismo, lo vimos con las familias, con los jóvenes, con los enfermos, con la gente de la calle, con las autoridades civiles y religiosas, con los intelectuales, etc. A todos nos dejó sus enseñanzas, a todos nos dio una palabra para pensar y obrar consecuentemente. Recordemos algunas frases entresacadas de sus múltiples encuentros y homilías: Al llegar a Cuba, desde el mismo Aeropuerto José Martí nos dijo: “Vengo como peregrino del amor… Abran las puertas a Cristo!”. Es la misión del Papa, presidir a la Iglesia en el amor y animarnos para que todos acojamos a Cristo como Salvador. Aquí en Santa Clara, al hablarnos del papel de la familia, de la escuela y de la Iglesia en la formación de la nuevas generaciones nos recordó que “Los valores del Evangelio de Jesucristo no son un peligro para ningún proyecto social” mientras que en Camagüey exhortó a todos y en particular a los jóvenes a ser “invencibles en la esperanza”. En Santiago de Cuba coronó a la imagen de la Santísima Virgen de la Caridad y qué conmovedor fue escuchar de labios del Papa una hermosa plegaria a la Virgen Madre de todos los cubanos: “Haz de la nación cubana un hogar de hermanos y hermanas para que este pueblo abra de par en par su mente, su corazón y su vida a Cristo, único Salvador y Redentor”. El último día de su estancia en Cuba, estando en la Iglesia Catedral de La Habana nos dijo: “El pueblo cubano necesita a Dios, razón fundamental de su vida” y antes de tomar el avión rumbo a Roma, al despedirse en el aeropuerto, nos animó a continuar “conservando los valores genuinos del alma cubana”. Queridos hermanos del centro de Cuba: La Iglesia en esta isla se siente agradecida por este gran regalo de Dios que fue la persona de Juan Pablo II y su visita a estas tierras. Y hoy, a diez años de este histórico acontecimiento quiere reflexionar nuevamente sobre las enseñanzas que nos dejó el Papa Juan Pablo II y a la vez compartir su alegría con todos los hombres y mujeres de esta hermosa tierra. Para celebrar este aniversario hemos querido levantar un monumento público al Papa Juan Pablo II en el mismo lugar en que celebró la primera misa en Cuba, aquí en Santa Clara. Ya muchos de ustedes de seguro han pasado por la popularmente llamada Avenida del Papa, la Prolongación de la Doble Vía , detrás del Estadio Sandino. Allí han podido ver los trabajos de construcción de lo que será este monumento. Queremos que sea un homenaje de todo el pueblo cubano al Papa Juan Pablo II y un recordatorio para las generaciones venideras de un hecho histórico de alcance trascendental. Para inaugurar dicho monumento nos visitará el sábado día 23 de febrero próximo el actual Secretario de Estado del Vaticano, el Sr. Cardenal Tarcisio Bertone, enviado especialmente por el Papa Benedicto XVI en esta oportunidad. Allí celebrará la Santa Misa y dejará inaugurado y bendecido este lugar referencial para todo el pueblo cubano. Quiero aprovechar la oportunidad de la emisora radial para invitarlos a todos personalmente a este acontecimiento. Los esperamos el sábado 23 de febrero a las 8.00 de la mañana; en ese momento será llevada en hombros la imagen peregrina de la Virgen de la Caridad. A ella, la Madre de Jesucristo y Madre del pueblo cubano le cantaremos en ese momento “Las mañanitas”, a ella le presentaremos nuestra acción de gracias y nuestras súplicas. No faltes a este encuentro con Jesucristo, con la Virgen de la Caridad , con los hermanos. A continuación el Sr. Cardenal Tarcisio Bertone celebrará la Santa Misa. Sería bueno que nos preparáramos desde ya para esta celebración. Renovemos el don de la fe, avivemos la llama del amor y de la esperanza en nosotros, en nuestras familias, en nuestros amigos. Dispongámonos para esta oportunidad. Allí, a los pies de la Virgen Peregrina de la Caridad y junto a la estatua del Papa Juan Pablo II los esperamos para celebrar la Santa Misa. Pido al Señor la mejor de sus bendiciones para todos: Que la bendición de Dios todopoderoso, + Padre, + Hijo y + Espíritu Santo les acompañe hoy y siempre. Amén.
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