Dora Amador
El Nuevo Herald, 13 de abril de 1998
El mensaje del libro del Éxodo es que Dios acompaña al pueblo israelita en el desierto y el dolor, pero también los libera. El exilio es un aprendizaje, una prueba. La palabra misionero deriva del latín missum, que significa enviado: un misionero es un enviado. Jesús fue el primer misionero. ¿Estamos los cubanos de la diáspora llamados a una misión? ¿Debe ser el exilio una experiencia de conversión?
El año pasado aconteció algo en Miami que no trascendió a la prensa. Es entendible, porque la prensa pasa por alto no una, mil veces acontecimientos que nos dan, o deberían dar, una medida mucho más verídica del mundo en que vivimos. ¿O es que sólo debe llegar a la página impresa o la cámara de televisión la corrupción, el asesinato, la violación, el tráfico o consumo de drogas, el abuso infantil o lo intrínsecamente banal? Sugiero abrir los ojos, se verán maravillas inéditas. Por supuesto, doy por sentada la capacidad necesaria para percibir no sólo lo feo y lo enfermo –que lo hay, a veces muy cerca–, también lo sano y espléndido, que acontece, pero ``no es noticia''.
La buena noticia a que hago referencia: En Miami ya hay 27 grupos misioneros, la mayoría integrado por jóvenes cubanas y cubanos. Estos grupos se reunieron por primera vez un día del año pasado en la Catedral de Saint Mary, en una celebración sin precedentes. No es poca cosa constatar que 150 jóvenes de Miami dan lo mejor de sí para solidarizarse con los desposeídos, visitando regiones inhóspitas del Caribe y el continente latinoamericano para anunciar el Evangelio, encarnándolo.
Alicia Marill, coordinadora de Mission Outreach de la Arquidiócesis de Miami y fundadora de Amor en Acción, uno de los grupos misioneros más importantes, fue quien sacó a la luz la existencia de estos grupos. Marill y el padre Felipe Estévez, párroco de Saint Agatha, quieren crear un Instituto Misionero en Miami para la formación de misioneros y recibir a los que llegan del extranjero. Le agradezco al padre Estévez el encuentro este domingo pasado con Marill y Guido Charbonneau, religioso canadiense residente en Tegucigalpa, de visita en Miami. El padre Charbonneau es uno de los fundadores de la Sociedad de Misiones Extranjeras de Quebec, que tiene misioneros en Africa, Asia, Latinoamérica y desde hace años en varias provincias de Cuba. Fue fascinante ser parte de una conversación entre misioneros que intercambian experiencias y reflexiones.
De especial interés fue para mí la tesis doctoral que está terminando Marill, graduada en Ministerios Transculturales del Catholic Theological Union, de Chicago. Su tema: los misioneros exiliados y emigrantes; el título, que toma de la Primera Carta de Pedro: A todos los que andan dispersos.
Extractos de mi conversación con Marill:
Dora Amador: Cuando busco en la Primera Carta de Pedro veo que dice: "A todos los elegidos que andan dispersos''. ¿Crees que el desarraigo, la condición de exiliado, de sentirse efectivamente, "disperso'' tiene connotaciones bíblicas, que en cierto sentido se es "elegido''?
Alicia Marill: Es el punto central, lo que he estado persiguiendo en mi tesis: que Dios nos elige. Tengo testimonios que considero sagrados. Y creo que en esta experiencia de saberse desposeído, exiliado, en este dolor imborrable, hay semillas de redención, hay un llamado. Es algo que nos toca vivir, y a partir de eso hay dones que no debemos ignorar.
DA: ¿Qué es ser misionero? ¿Qué lo mueve, qué busca?
AM: Es una fuerza que describo como la del Espíritu Santo, una fuerza interior que te llama a compartir, a buscar y a dar.
DA: ¿Y cómo se da esta experiencia, por ejemplo, qué haces cuando llegas a Haití o a República Dominicana?
AM: Los religiosos y laicos de allá nos enseñan, nos llevan a reuniones, nos presentan a personas que trabajan arduamente en distintos proyectos de educación, alimentación, dispensarios médicos. Es vivir el mundo de la pobreza. Después venimos a Miami y tratamos de que esa vivencia sea fructífera aquí, vemos de qué manera podemos responder a sus necesidades. En estas misiones uno se pasa mucho tiempo en el camino con ellos. Compartes las mismas vicisitudes de ellos, y celebramos juntos la Eucaristía. Recuerdo un sacerdote que me ofreció una vez una toronja, lo único que tenía un día que llevábamos más de 10 horas sin comer.
DA: Y el aprendizaje es mutuo, al ser una experiencia de fe comunitaria.
AM: Hoy se habla mucho de la misión en reverso. La misión conlleva un proceso de transformación, de nosotros y de la realidad. Los que vamos de aquí aprendemos mucho de los que viven allá, humanidad que en nuestra sociedad de abundancia y falta de tiempo se pierde. Entras en una realidad injusta, que no es la que Dios quiere, porque no dignifica a la persona. A veces requiere dar comida y medicina, pero muchas es tratar de romper las estructuras de poder que mantienen a la gente sin agua, sin luz, cuando no hay necesidad de eso.
DA: Pero son estructuras políticas, en las que a veces no se puede hacer nada.
MA: Sí, sí se puede. Quien controla el agua es la municipalidad, el sindicato, o la provincia, y todo depende a veces de que uno llame, que converse y pida, qué se puede hacer para colaborar, conseguir tuberías, instalarlas, para los que no tienen agua... Juan Pablo II dice que la justicia es una dimensión constitutiva de la predicación del Evangelio, de eso se trata.
Camino de regreso
A Alicia Marill y al padre Felipe Estévez, cubano también de corazón misionero, les deseo que pronto pueda abrir el Instituto Misionero de Miami. Confío en que así va a ser, por el interés y los recursos humanos con que ya cuentan.
Y cuando este tiempo de exilio termine, cuando se emprenda el camino de regreso, se verá cuánta semilla se ha sembrado, cuánto fruto habrá dado en tierras ajenas el caminar de los dispersos.