lunes, 03 de marzo de 2008
2 de marzo de 2008
por Manuel, Carmelita Descalzo cubano 45 años /
Fuente: http://teresacarmelocuba.blogspot.com/
Reside en Cuba



A propósito de leer este cuarto domingo de Cuaresma el Evangelio del encuentro de Jesús con un ciego de nacimiento, y su vínculo con el itinerario bautismal, quiero compartirles algunas ideas sobre el simbolismo de la LUZ en la Escritura:

En el mundo griego, la luz simbolizaba la vida, el bien y el conocimiento de la verdad. En el AT, la trascendencia y la presencia de Dios; la luz de su rostro, su favor; es símbolo de vida y salvación, de alegría y de seguridad. La Palabra de Dios es luz porque guía al hombre, y el hombre participa de esa luz y puede comunicarla, en particular con sus obras a favor de los demás.

En los evangelios, siguiendo la línea del AT, la luz es símbolo de la presencia y manifestación divina, especialmente en Jesús, y acompaña a los que pertenecen a la esfera de Dios. En oposición a la tiniebla significa liberación, vida y salvación, seguridad y alegría, verdad y generosidad.

El ciego de nacimiento en el evangelio de San Juan es un personaje representativo; la ceguera aparece como el signo de una carencia mayor. Es el segundo caso de ceguera en este evangelio, pues antes se ha comentado sobre el inválido que estaba junto a la piscina de Siloé. En ambos casos hay ceguera, pero sólo una de ellas es ceguera culpable. Este personaje no lleva nombre propio, ni se indica tiempo y lugar de la curación. Su ceguera de nacimiento apunta en primer lugar a su vínculo con la ideología de la Ley, que no le permite percibir el amor de Dios ni comprender su proyecto sobre el hombre. Una ideología opresora le ha impedido VER.

Jesús interviene, y recrea a este hombre, le hace nacer de nuevo, mediante este signo del barro y su saliva (es decir, su propio espíritu), y entonces al ciego se le abren los ojos. Ante él está Jesús, el Hombre Pleno, y le reconoce como “Señor”.

¿Cuántas cegueras padecemos los hombres de este tiempo?
¿Cuánto nos aferramos a la oscuridad?
¿Con cuánta fuerza nos resistimos a “Ver” la verdad de nuestra vida y de nuestro mundo?

Jesús, luz verdadera, luz nuestra, haz que podamos ver.

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