por Rubén Fernández. Manacas - Villa Clara – Cuba.
Desde Madrid - España./
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3 de marzo de 2008
Todos hemos sido testigos de la reciente visita del Monseñor Tarcisio Bertone a nuestra querida tierra. El Secretario de Estado del Vaticano llegaba a Cuba para cumplir una apretada agenda comprendida entre los días 20 y 26 de febrero, y conmemorar así el Décimo Aniversario de la histórica visita de su Santidad Juan Pablo II a la Isla.
La visita Oficial de Monseñor Bertone, según informan algunos medios, es en respuesta a una invitación de las autoridades cubanas y la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC).
Durante su estancia se reunió con autoridades del país, participó en actividades pastorales, entre ellas las Misas que tuvieron lugar en la Ciudad de La Habana, en Santa Clara y Guantánamo, y la bendición de un monumento dedicado al Papa Juan Pablo II, en la ciudad de Santa Clara.
Hemos sido testigos además, de los cordiales encuentros entre Monseñor Bertone, y el heredero del poder, el nuevo presidente, Raúl Castro, de los cuales emanaron párrafos periodísticos que hacían alarde de las buenas relaciones existentes entre el Régimen Cubano y la Santa Sede, haciendo especial hincapié, en la condena al “Bloqueo” impuesto por los Estados Unidos a Cuba, por parte del Estado Vaticano.
Todo ha ido muy bien, probablemente esta visita de como fruto una nueva visita de Su Santidad a Cuba, quizás autoricen la entrada de más Sacerdotes y Religiosas a la Isla, probablemente en la ya cercana Semana Santa permitan sacar en procesión “El Santo Entierro” en más lugares de nuestra geografía y el 8 de Septiembre próximo “Cachita” podrá salir a saludar a más moradores de pequeños pueblos, que por cierto, Manacas, mi pueblo natal, ya fue uno de los agraciados de esta migaja de pan…
… Pero resulta que hay ciertas cosas que yo, como Católico y como cubano echo de menos.
- Echo de menos aquella Iglesia que asumió una identidad social creíble y reconocida, que se mantuvo en la pobreza, sin ambicionar ninguna forma de poder, siempre del lado de los oprimidos, de los que no tienen voz, que denunció siempre problemas sociales como la economía, la escasa actitud democrática de las instituciones y la constante limitación de la libertad individual.
- Echo de menos aquella Iglesia que escribía cartas como “El Amor todo lo espera”, donde los Obispos denunciaban cosas como: “El caracter excluyente y omnipresente de la ideología oficial”, “Las limitaciones impuestas, no sólo al ejercicio de ciertas libertades, si no de la libertad misma”, “El excesivo control de los Órganos Oficiales del Estado”, esto solo por citar algunos ejemplos.
- Echo de menos discursos como el de Monseñor Pedro Meurice Estiu, en el que presentaba al Santo Padre un pueblo, donde se confundía Patria con Partido y Cultura con Ideología.
… Y después de un frío análisis vienen a mi mente algunas reflexiones.
¿Hubiera sido posible colocar una estatua de Su Santidad hace diez años en una vía pública de Cuba?
¿Merece la pena que la COCC aparezca con una espléndida sonrisa ante los medios estrechando la mano a aquel que lidera un Régimen que encarcela y da palizas a gente inocente, cuyo único delito es expresar libremente lo que piensa? … No pretendo que se cierre todo tipo de comunicación, pero si que la Iglesia Cubana no de esa imagen de “complacencia”, con razón criticada por Oswaldo Payá, Presidente del “Movimiento Cristiano Liberación”, una de las formaciones ignoradas por Monseñor Bertone en su “visita oficial”.
¿Merece la pena que la Iglesia Cubana sonría ante las cámaras y rebaje el tono de sus discursos a cambio de favores que en realidad son derechos?
Las respuestas las dejo para que las den ustedes mismos, es una reflexión personal, que cada cristiano, y cada cubano tiene que hacer, aunque no estaría mal que la hiciera también la COCC.
Yo por si acaso, transcribo un párrafo del “Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia” por si se ha dado el caso de que hayan olvidado ciertos aspectos:
Por la relevancia pública del Evangelio y de la fe y por los efectos perversos de la injusticia, es decir del pecado, la Iglesia no puede permanecer indiferente ante las vicisitudes sociales: 98 « es tarea de la Iglesia anunciar siempre y en todas partes los principios morales acerca del orden social, así como pronunciar un juicio sobre cualquier realidad humana, en cuanto lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas ».99
Solo me queda rezar para que sigan surgiendo, párrocos valientes, que a pesar de las críticas y la censura, sean capaces de decir la verdad, en sus pequeñas comunidades.