por Alicia Bombino Lumpuy
al_cala06@yahoo.es
5 de marzo de 2008
El año 2008 ha comenzado cargado de emociones para la Iglesia cubana: la inauguración de una nueva dióceses, dos nuevas revistas cívico-católicas (Convivencia Cuba y Liberación), inauguración del Monumento a Juan Pablo II en Santa Clara y la visita del Cardenal Tarcisio Bertone a la Isla, enmarcado todo en la conmemoración de los 10 años de la visita que hiciera a Cuba su Santidad Juan Pablo II.
Tal y como habían anunciado los obispos cubanos a fines del 2007 se le auguraba a los cubanos un año 2008 cargado de acontecimientos y solo hemos comenzado el nuevo año con lo que, lo que nos deparan los próximos meses pueden ser sorpresas de toda clase. Se respira en el ambiente algo nuevo, hay mucha espectativa y esperamos que no sea en vano.
Cuba Católica: unidad en la diversidad
En la últimas semanas algunos cubanos católicos de la Isla nos han estado enviando comentarios hirientes alejados de toda crítica constructiva, lo que ha suscitado un debate por e-mail sobre la postura de esta web. Es importante que, al margen de las opiniones de cada cual, podamos todos expresarnos con entera libertad, sin miedos a las censuras oficiales y a las que nosotros mismos nos imponemos de vez en cuando. Una cosa es la crítica sana, edificante y otras las acusaciones falsas, el comentario vulgar y despectivo de quienes dicen ser católicos practicantes.
El laicado cubano es diverso y esa diversidad de opiniones es las que nos enriquece, viene de nuestra propia fe católica, universal, variada.
Dentro de la propia Iglesia coexisten pacíficamente numerosos movimientos eclesiales que en ocasiones chocan entre sí por representar espiritualidades muy distantes en apariencia. Incluso entre las órdenes religiosas existen rivalidades históricas, pero la base es la misma y es que somos católicos. Llevado esto a Cuba, a nuestra Iglesia cubana, se vuelve a repetir la historia, unos laicos piensan de una manera y otros de otra, los del exilio por regla general defienden unas posturas y los que están en Cuba defienden por regla general otras, los de La Habana dicen una cosa y los de Oriente otra, los de Pinar del Río hacen unas cosas y los de Santa Clara otras...., la cuestión es que a los cubanos nos queda todavía mucho por aprender en el plano cívico. La tolerancia es una asignatura pendiente en nuestra agenda.
No porque pensemos diferente sobre ciertos aspectos nos hace menos merecedores a los del exilio opinar, aportar, ser parte activa de esa Iglesia que nos transmitió la fe. Somos, no me canso de repetirlo, tan cubanos y tan católicos como los que permanecen en la Isla. Pareciera a veces, sin embargo, que algunos católlicos de la Isla quisieran excluirnos, silenciarnos.
La visita del Cardenal Bertone a Cuba no ha dejado a nadie indiferente, circulan por internet las más variadas reflexiones a favor y en contra, en donde unos ven solo cosas positivas, otros ven cosas negativas, a otros les parece que el Cardenal debió decir ciertas cosas y callar otras, visitar a unos cubanos y a otros no…. Hermanos y amigos, podemos y debemos discrepar, es normal, los seres humanos somos únicos e irrepetibles y aún siendo católicos y compartiendo la misma fe a veces pensamos diferente, pero esto no nos hace a unos menos católicos que otros, o a unos con menos derechos que otros.
No exite un termómetro o aparato de medición que pueda decirnos quién es mejor cristiano y quién no lo es, o quién deja de serlo por opinar de manera diferente. Podemos opinar, llamar la atención, reflexionar pero no jugar a ser dioses.
TODOS formamos parte de la misma Iglesia y todos aportamos algo a ella, cada cual según su talento, tiempo y compromiso personal. Los cubanos y más aún los católicos cubanos, debemos aprender a ser tolerantes, a debatir con libertad, a poder expresar sin miedos a censuras internas y externas nuestras ideas.
Cuba Católica seguirá fiel a su cometido de informar y estrechar puentes entre los laicos cubanos del exilio y de la Isla. Nuestro portal está recibiendo semanalmente entre 2000 y 3000 visitas únicas desde los más lejanos puntos del planeta. La web es visitada por personas que residen en Ecuador, Estados Unidos, España, Rusia, Israel, Suecia, Chile, Dinamarca, etc…. y aunque en menor cuantía desde la propia Cuba. Teniendo en cuenta lo complicado que resulta conectarse a internet desde nuestro país por la censura que impone el gobierno, motivo harto conocido por todos, es significativo cómo el blog es cada vez más demandado y seguido por numerosos cubanos de la Isla, católicos y no católicos. Nos abalan además siete años de trabajo continuado con más o menos regularidad (en abril de este año cupliremos 7 años de existencia en internet), nuestro objetivo principal es romper la censura oficial, tender puentes, debatir, encontranos en un espacio común. Cuba Católica es un servicio por y para la Iglesia que
somos TODOS, los del exilio y lo de la Isla.
En la web se publican todas las opiniones a las que tenemos acceso sin ser por ello responsabilidad directa de la web, el único criterio que se respeta es la fidelidad a la doctrina de la Iglesia por ello sería bueno que, aquellos que critican a destajo “Cuba Católica” se tomaran el tiempo de analizar la web de punta a cabo y vieran la diversidad de opiniones a las que da cobijo.
Pasa con frecuencia que quiénes opinan negativamente sobre este
portal-blog basan sus críticas en rumores sin haber visitado jamás la web.
A estas personas les digo "venid y ved"
Señalar con el dedo a la primera es muy fácil, lo difícil es hacerlo luego de un análisis serio. Pero aún así, no todos podemos pensar de la misma manera y más que dar cuentas a las personas, nuestra obligación cristiana es con Dios, con nuestra conciencia: ser consecuentes con lo que decimos creer, poner en práctica nuestra fe.
Pienso que es hora de dejar las divisiones a un lado, es hora de tender puentes no de destruirlos, de estrechar la mano en vez de negarla como si hubiera un miedo al “contagio” y sobre todo es hora de actuar y de dejar nuestras posturas claras, que nuestro sí sea un sí y que nuestro no sea un no.
No podemos ser personas de medias tintas, los tiempos que corren en el mundo y en Cuba exigen transparencia, coraje, fuerza.
Cristo también está en la calle
Los cristianos debemos abandonar la comodidad de los templos y apostar por la práctica de la fe en la calle, entre la gente de a pie: creyentes y no creyentes, dar fruto en donde estemos ya sea en Cuba o en el exilio. Hay que abandonar esa imagen de autocomplacencia, ese “qué bien hacemos todo y qué bien está todo” porque nos podemos quedar con eso y no querer hacer más. Nuestra meta debe ser siempre mayor, siempre hacer más y mejor las cosas.
La fe hay que ponerla en práctica si no es fe vacía. Ya podemos sabernos la Biblia de memoria, escribir las más bellas reflexiones en revistas diocesanas, blogs, listas de correos, periódicos o foros, ya podemos hacer de todo en nuestras parroquias (catequesis, diaconado, viajes, retiros..) que si nos olvidamos de las personas, de poner en práctica lo que creemos con las personas, nuestra fe de nada nos vale. La calle puede ser tu propia familia, tu centro de trabajo, tus vecinos, tus amigos y hasta los que no conoces de nada. ¡Qué fácil es ser cristianos dentro del templo, sonreir al sacerdote, a la religiosa, a los hermanos de la parroquia y luego qué difícil es ser cristianos fuera!
A veces le prestamos atención, toda la que queremos y más, a algunas personas por lo que representan (cargos, títulos, trayectoria), mientras que le negamos cinco minutos de atención o ayuda a otra persona quizás más necesitada; al vecino, al hijo, al hermano...
La fe es un trabajo de 24 horas, la fe no es solo la Navidad, la boda, el bautizo o los grandes acontecimientos como por ejemplo la visita del Cardenal Betone. La vida sigue, ya pasó la inauguracióón del Monumento a Juan Pablo II, ya se hicieron las fotos, los reportajes, ya nos hemos felicitado y hemos felicitado, ya se celebró públicamente lo que habíía que celebrar, ahora toca lo cotidiano. La fe es algo que continúa, que no se limita al templo, a la Misa dominical y que se hace visible en el día a día, en las cosas pequeñas.
Es Cristo quien pasa entre nuestros hermanos sufridos y perseguidos, entre los que no tiene voz, entre los que están presos, entre los que están desalojando ahora mismo en Holguín por ejemplo (y de los nadie o casi nadie dice nada), entre los que sufren por pensar diferente...
Cristo que pasa es el vecino que no tiene que darle de comer a sus hijos, Cristo que pasa es el médico preso por defender la vida y denunciar el aborto, Cristo que pasa es la madre o la esposa que se viste de blanco para protestar contra algo injusto, Cristo que pasa es la madre que no tiene autoridad con sus hijos porque el Estado se la ha quitado, el anciano solo y enfermo, la niña que ha perdido la inocencia en la calle plagada de antivalores, la familia dividida por el exilio, las becas (internados) o por la política, los matrimonios rotos por la falta de verdadero amor y compromiso, ese es Cristo que pasa.
Abramos los ojos para que, si pasa por nuestro lado, lo podamos ver y acoger.